La eutanasia es toda acción u omisión
llevada a cabo por el médico con la intención de provocar deliberadamente la muerte del
paciente mediante alguna de estas fórmulas:
- Administración de algún producto letal.
- Retirada de tratamientos proporcionados e imprescindibles para la supervivencia del
enfermo.
En el ámbito médico no hay diferencia conceptual entre eutanasia pasiva y
activa, como señala la Organización Médica Colegial y la Sociedad Española de Cuidados
Paliativos. La eutanasia está tipificada en el Código Penal en el artículo 143.3
específicamente, en el capítulo relativo al homicidio.
HayAlternativas está a favor de una atención integral del enfermo
crónico o terminal, especialmente de su calidad de vida y el dolor que le conlleve su
enfermedad. Los médicos no pueden ocasionar voluntaria y positivamente la muerte a su
paciente: así lo explica su Código Deontológico.
Hay alternativas a la eutanasia: el
tratamiento eficaz del dolor y el bienestar del enfermo. Los médicos que hacen uso de los
cuidados paliativos saben que los enfermos no piden terminar su vida de esa forma tan
violenta.
En los lugares donde está legalizada la población anciana o enferma
crónica vive en una angustia vital por el miedo a ser asesinados sin su consentimiento o
cuando ellos estén inconscientes, huyen de sus casas y se van a vivir a otro país.
La Asociación Médica Mundial expresa en su
asamblea de 2002 que "La eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la
vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es
contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar
que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su
enfermedad."
El ensañamiento terapeútico no es aceptable éticamente. Ayudar
a morir en paz, bien atendido y sin dolor a un paciente es un deber del médico y eso no
es eutanasia.
En 2001 el Presidente de la Organización Médica Colegial Española, Dr. Sierra, dijo lo
siguiente: la eutanasia pasiva es una "demagogia", ya que en aquellos lugares
donde existen unidades de tratamientos paliativos la eutanasia es una anécdota: "El
ciudadano hace testamento vital porque tiene miedo y desconoce que existen otras
posibilidades que evitan el dolor y donde se asegura su dignidad como ser humano".
Eutanasia. Acción u
omisión que pretende como objetivo la muerte del paciente, normalmente por compasión,
para terminar con sus sufrimientos o con los de la familia. La Asociación Médica Mundial
condenó esta práctica en 1987 como contraria a la ética médica. Nunca es necesaria,
pues la Medicina siempre tiene recursos para aliviar y apoyar al paciente, de modo que sus
últimos momentos sean siempre tolerables. Se suele practicar, más que por sufrimientos
físicos del enfermo, por la existencia de limitaciones crónicas o por la carga
psicológica que supone para la familia el tener que sufrir viendo a su ser querido cada
vez más limitado y decaído.
Eutanasia activa. Eutanasia realizada mediante la administración de
algún producto que causa la muerte.
Eutanasia pasiva. Eutanasia realizada retirando tratamientos
imprescindibles para la supervivencia o bien la comida y el agua (ver Nutrición). No debe
confundirse la eutanasia pasiva con la negativa al encarnizamiento terapéutico (ver; ver
Informe Remmelink); por esta razón, no se debe emplear esta expresión, que es evitada en
las declaraciones médicas
Eutanasia neonatal. Eutanasia efectuada a un recién nacido, generalmente
ante retrasos mentales o malformaciones que supondrían limitaciones en su vida posterior.
Se efectúa más por reacción sentimental de padres y médicos que porque realmente luego
la vida del niño vaya a ser necesariamente infeliz.
Eutanasia involuntaria. Eutanasia realizada sin petición del enfermo. Se
ejecuta generalmente sobre pacientes inconscientes, a petición de los familiares.
Eutanasia voluntaria. Eutanasia realizada a petición del enfermo.
Eutanasia legal. Eutanasia realizada dentro de un marco previsto por las
leyes civiles.
Ayuda al suicidio. Colaboración médica al suicidio del paciente,
generalmente aportándole medicamentos en dosis suficiente para provocarle una muerte sin
dolor. Se diferencia de la eutanasia en que el médico no aplica personalmente dichos
medios. Paradójicamente, su práctica no lleva al suicidio del paciente en la mayor parte
de los casos, sino que le aporta la tranquilidad de que, en caso de empeorar su
enfermedad, tendrá un recurso a mano. Una petición de ayuda al suicidio por parte del
enfermo suele desvelar un sufrimiento inadecuadamente tratado. Así, es frecuente que el
médico tenga miedo (injustificado) a recetar morfina; escatimarla es un error muy común,
que sólo produce sufrimientos inútiles. Su práctica difunde la convicción de que una
vida con menor número de satisfacciones puede no ser digna de ser vivida, lo cual es
falso. Cuando se da un caso de suicidio, no se le debe dar publicidad, en parte por
obligación general del médico, en parte por su efecto desencadenante de otros suicidios.
Encarnizamiento terapéutico. Aplicación de medios médicos que no van a
conseguir la recuperación del paciente sino sólo, en todo caso, prolongarán ligeramente
su vida en condiciones penosas, como pueden ser la intubación endotraqueal, la
alimentación intravenosa, etc. Es éticamente incorrecto. Además, produce una visión
errónea de lo que la Medicina puede aportar a los últimos momentos de un paciente
Analgesia terminal y acortamiento de la vida. Problema ético que se
planteaba en la atención a los enfermos terminales: la administración de morfina en
pautas de dosis separadas producía a veces depresión respiratoria y adelantaba la muerte
del paciente. En dichos casos, la actuación del médico es moralmente correcta, siempre
que no pretenda la muerte del paciente. Con las pautas modernas de administración de
analgésicos, con sistemas de inyección controlados por el propio enfermo y regulados con
microprocesador, este efecto es casi inexistente.